Larga fue en el post de octubre la discusión sobre si estos bichos eran “buenos” o “malos”… Como parece ser que el asunto de la supuesta transmisión de la enfermedad de Lyme quedó aclarado (recuerdo que, a pesar de lo que digan por ahí, NO la trasmiten), el tema del parasitismo y la depredación sobre Orius es la principal preocupación. No cabe duda de que estos ácaros diezman las poblaciones de insectos auxiliares, pero también afectan a las plagas, incluso a algunas que (por ahora) no tienen solución biológica.
En la primera foto podéis ver el cadáver de uno de los famosos escarabajos tenebriónidos de Dalías (Gonocephalum rusticum) Esta plaga apareció con gran fuerza hace unos años en esa zona, y poco a poco va extendiéndose al resto del Poniente. Aparte del nombre muy poco más se sabe de ella. No hay datos sobre sus costumbres o sus enemigos naturales. Por no saber, se desconoce hasta la duración de su ciclo biológico (se especula con qué puede durar varios años) En la foto he señalado varios bichejos rojos sobre el escarabajo. Son larvas de trombídido, que le estaban chupando la hemolinfa (así se llama la sangre de los insectos) Algunas incluso se han colado bajo los élitos con tal de apurar las últimas gotas. Otras, como la de la tercera foto, al ver que en el escarabajo quedaba poco que rascar, andaban por la tierra en busca de otra presa.
Sería absurdo pensar que estos ácaros pueden controlar el Gonocephalum en nuestros cultivos, pero estas fotos prueban dos cosas: Que los trombídidos no son sólo necesariamente ácaros dañinos para la fauna auxiliar; y que el falso gusano de alambre tiene enemigos naturales, como todo bicho viviente. No sé si él más efectivo será virus, bacteria, hongo o bicho, pero seguro que alguno hay. Sólo hace falta encontrarlo, estudiarlo, criarlo y meterlo en botes; pero para eso hace falta INVESTIGAR primero. Y hasta ahora nadie lo ha hecho…





















