Cuando
se hace un análisis de agua los valores proporcionados son, salvo
error en la analítica, incuestionables. Si el análisis dice que
hay 3,6 meq/l de Mg++, sabemos que ese magnesio estará
disponible para la planta una vez incorporada el agua al medio de
cultivo y también sabremos que, este magnesio, será más que
suficiente para nutrir correctamente al cultivo. No ocurre esto con
los típicos análisis de suelos en los que la analítica utilizada
está basada en el uso de extractantes que pretender simular las
condiciones en las que se producen las movilizaciones de los
nutrientes en el suelo. Dado que los factores involucrados son muy
complejos, la interpretación de los datos analíticos de suelos son
menos precisas que los de las aguas de riego. No obstante, al haber
distintos tipos de análisis para suelos, cada uno tiene su mecánica
de interpretación. En esta entrada no se va a tratar el tema de la
interpretación de los datos de los análisis de suelos. Numerosa
bibliografía puede ser encontrada al respecto y es especialmente
recomendable el libro de Antonio Casas
y Casas E. “Análisis de suelos-agua-planta y su aplicación en la
nutrición de cultivos” publicada por el Instituto la Rural de
Cajamar, y que puede ser consultado libremente en este enlace
http://www.publicacionescajamar.es/series-tematicas/agricultura/analisis-de-suelo-agua-planta-y-su-aplicacion-en-la-nutricion-de-cultivos-horticolas-en-la-zona-peninsular/
Con
fines de diagnosis nutricional, básicamente, se puede decir que hay
tres tipos de análisis, análisis
de fertilidad, análisis
del complejo de cambio del suelo y análisis
de elementos solubles. Los
dos primeros informan sobre la capacidad del suelo-almacén, es
decir, sobre la “capacidad de la trastienda”. Los datos
cuantitativos proporcionados por estos análisis son poco variables a
lo largo de una campaña agrícola y su modificación estructural
solo se consigue a lo largo de varias campañas a través de la
fertirrigación o por la aportación de enmiendas. La frecuencia de
realización de estos análisis puede ser de uno por campaña
agrícola como máximo. Dilatar más esta frecuencia dependerá,
sobre todo, del manejo que se haga de la fertirrigación. Si partimos
de un suelo equilibrado, y la fertirrigación se realiza de
conformidad a parámetros relacionados con las necesidades del
cultivo, en el tiempo, el suelo permanecerá equilibrado.
El
análisis de elementos solubles, por el contrario, informa sobre la
cantidad de nutrientes, y el equilibrio entre ellos, que están
inmediatamente disponibles para la planta. Puede decirse que es una
fotografiá instantánea del estado nutricional del suelo, la “tienda
de los nutrientes”. Los datos cuantitativos proporcionados por
estos análisis pueden variar sustancialmente en pocos días merced a
la variación de los porcentajes de lixiviación en el manejo del
riego, la modificación de las soluciones nutritivas aportadas o la
modificación de las tasas de absorción de nutrientes por el
cultivo. La frecuencia con que se ha de hacer este tipo de análisis
dependerá, sobre todo, de la experiencia espacial que se tenga sobre
los parámetros relacionados con la nutrición del cultivo, es decir,
calidad del agua de riego, características del suelo, necesidades
del cultivo, etc. Para una situación novedosa, 2 o 3 análisis
pueden ser necesarios. Si se posee suficiente experiencia, un
análisis de verificación, que se haga en una fase crítica del
desarrollo del cultivo, ha de ser suficiente.
Trata de informar sobre la capacidad del suelo para abastecer a la planta con los elementos básicos de la nutrición N-P-K y de las cualidades fundamentales que condicionan este proceso. Los datos básicos que ha de proporcionar este análisis son:
- Porcentaje de materia orgánica. La materia orgánica representa una fuente primaria de elementos nutritivos. Para porcentajes de materia orgánica en el entorno del 2 %, la cantidad de nutrientes que puede poner el suelo a disposición del cultivo no es muy importante desde el punto de vista cuantitativo, pero es una cantidad segura y casi permanente. Se puede asegurar que una planta, en un suelo de estas características, nunca morirá de inanición, aunque lógicamente su rendimiento será muy deficiente.
- Porcentaje de carbonato cálcico (caliza). Los suelos de la cuenca mediterránea española tienen altos porcentajes de caliza. Ello siempre asegura un pH fuertemente alcalino, imposible de corregir en la práctica. La experiencia demuestra que esto no es un problema grave para la correcta nutrición de los cultivos hortícolas. También hay que tener en cuenta que la ventaja de estos suelos es que suelen estar bien estructurados debido a la abundancia de calcio y magnesio que hace muy difícil la aparición de suelos alcalinos o sódicos que son aquellos que tienen más de un 15 % de sodio intercambiable.
- Nitrógeno. El nitrógeno que dan los análisis, como Ntotal, se determina por el método Kjeldahl y su valor oscila entre el 0,1 y el 0,2 %. Este nitrógeno total está, en su mayor parte, como nitrógeno orgánico y una pequeña cantidad está como nitrógeno mineral, sobre todo en forma de nitrato y otra pequeña parte en forma amoniacal. Un suelo con el 2% de materia orgánica cubre, aproximadamente, el 10 % de las necesidades nitrogenadas de los cultivos. Por otra parte, el nitrógeno mineral que hay en el suelo procede de la mineralización del nitrógeno orgánico y de la aportación de los fertilizantes nitrogenados. Los análisis suelen dar este valor como Nnítrico en ppm y es el analizado en el extracto de la pasta saturada del suelo como más adelante veremos.
- Fósforo. El contenido de fósforo en el suelo se cuantifica en ppm sobre suelo seco. Para suelos de pH alcalino se recomienda la analítica por el el método Olsen . En estos suelos el fósforo se retrograda con facilidad a formas insolubles por lo que hay una tendencia a aportarlo en exceso, a veces hasta límites no recomendables. Teniendo en cuenta que para cualquier situación, contenidos por encima de 150 ppm de P se consideran excesivos, me atrevo a asegurar que más del 50 % de los análisis de suelos realizados en Almería tienen valores por encima del reflejado.
- Potasio. El potasio asimilable es el soluble (el del extracto de la pasta saturada) más el cambiable (el del complejo de cambio). Como en los siguientes apartados nos eferiremos a ellos solo queda apuntado que, la forma en que suele expresarse el K asimilable es en ppm de suelo seco.
- Textura.
En todo análisis de fertilidad es fundamental determinar este dato.
De la importancia de la textura del suelo, tanto en lo físico como
en lo nutricional, no hace falta
hacer ningún alegato. Baste decir
que, desde la vertiente nutricional, la valoración de los datos
analíticos siempre se hace en función de la textura del suelo,
pudiendo estar “alto” un elemento nutritivo para un suelo
arenoso y, el mismo valor, resultar “bajo” para un suelo
arcilloso. Para la interpretación de los datos de los análisis de
fertilidad en función de la textura del suelo, López Ritas
clasifica los suelos en los tres grandes grupos que se muestran en
la tabla.
2)
ANÁLISIS DEL COMPLEJO DE CAMBIO.
El complejo de cambio del suelo está formado por un conglomerado de
partículas de arcilla y coloides orgánicos (complejo
arcillo-húmico) que tienen en su periferia cargas negativas y
adsorben los cationes del suelo . La cuantificación de la capacidad
de adsorción se mide en miliequivalentes por 100 gramos de suelo
seco. En suelos de pH alcalino la gran mayoría de las cargas
negativas del complejo de cambio están saturadas por los cationes
calcio, magnesio, sodio y potasio, también denominados bases de
cambio, de tal forma que, se da por hecho, que la capacidad de
intercambio catiónico del complejo de cambio (C.I.C) es igual a la
suma de los miliequivalentes adsorbidos de estos cuatro cationes. En
suelos ácidos, y dependiendo del grado de acidez, aparecen espacios
ocupados por hidrogeniones (H+) y cationes de aluminio.
La
C.I.C. está muy relacionada con la textura del suelo (porcentaje y
tipo de arcilla), con el pH y, en menor medida, con el % de materia
orgánica (para valores del 1-2 % de M.O. que son los normalmente
encontrados en nuestra zona de cultivo). Su valor oscila entre 7 y 25
meq/100 gramos para suelos de textura gruesa a fina respectivamente.
Una referencia muy utilizada en la valoración de los suelos es el
porcentaje de cada una de las bases de cambio que conforman el
complejo de cambio. Por ejemplo la definición de suelo alcalino o
sódico se refiere a los suelos en los que el % de sodio
intercambiable es superior al 15 % del total de las bases cambiables.
Se entiende que un suelo está bien estructurado cuando el porcentaje
de calcio cambiable se encuentra entre el 60 y el 80 %, el magnesio
entre el 10 y el 25 % y el potasio y el sodio entre el 5 y el 10 %.
Para
hacerse una idea del “tamaño” de este almacén se pueden hacer
algunos números. Por ejemplo, para 1 m2 (10x10 dm) de
suelo de densidad aparente 1,33 kg/l, una profundidad de 1,5 dm, un
volumen de suelo mojado del 75% y una C.I.C. de 10 meq/100g,
equivalente a 100 meq/Kg, la capacidad de almacenamiento de bases de
cambio será de 15.000 meq/m2 (10x10x1,5x1,33x0,75x100).
Por otro lado, para 1 m2 de cultivo en suelo, el gasto de
agua es de, aproximadamente, 450 l/m2 y campaña agrícola.
Con un agua de riego de 1,0-1,2 dS/m de conductividad y un aporte
nutritivo de 0,9-1,0 dS/m, tendremos una solución nutritiva de
2,0-2,1 dS/m que tendrá unos 20 meq/l de aniones y otro tantos de
cationes, lo cual nos dará, para un año, un aporte de cationes
(bases de cambio) de 9.000 meq/ m2 y año (450x20). Es
decir, por el “almacén” del complejo de cambio pasa, a lo largo
del año, más de un 50 % de la “mercancía” que hay, lo que
supone una gran capacidad de influencia de la fertirrigación (agua y
nutrientes) sobre las cantidades y equilibrios de los cationes de
cambio. Dicho de otro modo, lo que en un momento dado hay en el
complejo de cambio es fruto de la calidad del agua de riego y de la
nutrición aportada. Si el complejo de cambio de un suelo está en
equilibrio, y se aporta una nutrición conforme a las necesidades
nutritivas del cultivo, el equilibrio permanecerá estable en el
tiempo.
3)
ANÁLISIS DE ELEMENTOS SOLUBLES.
Con
este tipo de análisis se pretende tener una información puntual del
estado nutricional del suelo lo más parecido a la realidad. El
análisis tradicional es el del extracto de la pasta satura del
suelo. Para hacer la pasta saturada, en el laboratorio, se toma un
peso conocido de suelo seco, y tamizado a 2 mm ø,
al que se le va añadiendo agua destilada hasta que la pasta toma un
aspecto característico brillante y sin agua libre. Esta pasta se
deja en reposo 24 horas, tomando precauciones para que no pierda
humedad, y al día siguiente se pone una muestra en un embudo
especial (büchner), se aplica vacío y se obtendrá un “extracto
de la pasta saturada” sobre el que se mide la CE, los aniones y los
cationes. Cuando en la bibliografía se menciona el valor de la
salinidad de un suelo se refiere siempre a la medición realizada de
esta forma. La bibliografía tradicional considera el límite entre
suelos salinos y no salinos el valor de CE de 4,0 dS/m en el extracto
de la pasta saturada.
Si
se cuantifica el agua gastada para realizar la pasta saturada, se
puede obtener el porcentaje de saturación. Este dato revela algunas
claves sobre la textura del suelo. Los suelos de textura gruesa o
arenosos suelen tener porcentajes de saturación por debajo del 35 %
mientras que los suelos de textura fina o arcillosos suelen tener
porcentajes de saturación por encima del 45 %. Un aumento o
disminución del contenido de materia orgánica del suelo tiende a
aumentar o disminuir el porcentaje de saturación. Generalmente se
acepta que la humedad de un suelo en el punto de saturación es el
doble que en capacidad de campo y cuatro veces más que en el punto
de marchitez. Esto quiere decir que la CE de la pasta saturada será,
aproximadamente, la mitad que la CE del agua de la rizosfera del
cultivo dado que, en fertirrigación, el suelo casi siempre está en
el punto de capacidad de campo.
Las
concentraciones de aniones y cationes que aparecen en este tipo de
análisis reflejan muy realmente la capacidad nutritiva del suelo y
se correlacionan muy directamente con la fertirrigación que se esté
practicando. Si se aplica el riego de acuerdo con las necesidades
hídricas del cultivo, y con el porcentaje de lixiviación que se
corresponda con la CE del agua de riego, la CE del extracto será
inferior a la CE del gotero en un 20-30 % aproximadamente.
Con
la aparición de las sondas de succión se tiene otra alternativa
para la cuantificación de los elementos solubles disponibles para la
planta. En este blog ya hay bastante información recopilada respecto
de este instrumento que ha venido a mejorar sustancialmente la
práctica de la fertirrigación. La medición de la CE de la solución
nutritiva succionada, junto con los datos de la tensión matricial
proporcionados por los tensiómetros, permite evaluar constantemente
el manejo de la fertirrigación. Además, tomando muestras y
analizando la SN de la sonda se obtiene una
información muy directa del estado nutricional de la solución
nutritiva en la rizosfera del cultivo. Generalmente, y siempre que
sea posible, se debe de realizar la succión a tensiones lo más
próximas a la capacidad de campo. Siempre será mejor obtener
muestras a 30-40 centibares de tensión que no a 50 ó 60.
Generalmente, la CE de la solución nutritiva succionada es mayor que
la CE de la solución nutritiva de gotero. Dependiendo del manejo de
la fertirrigación, diferencias entre el 10 % y el 25 % son las
normalmente encontradas.
El
nitrógeno nítrico que aparece en el análisis de fertilidad, se
refiere en este caso, al nitrógeno que hay en el extracto de la
pasta saturada. Se llega a este dato teniendo en cuenta el porcentaje
de saturación del siguiente modo: en los 5,95 meq/l de NO3-
que hay en el extracto de la pasta saturada, hay 5,95 meq/l de N.
Multiplicado este valor por 14 (peso del ion nitrógeno) nos dará
83,3 mg/l de N y, multiplicando este valor por el porcentaje de
saturación (32 %), dará los 27 ppm de N nítrico que aparece en el
análisis de fertilidad.
Las
391 ppm de potasio asimilable que hay en el análisis de fertilidad
provienen de sumar el potasio cambiable (el que hay en el complejo de
cambio) y el el potasio soluble (el que hay en el extracto de la
pasta saturada). Para transformar el potasio del complejo de cambio
en peso sobre suelo seco se procede de la siguiente forma: se pasan
los 0,9 meq/100 g a meq/kg, multiplicando por 10, y dará 9 meq/Kg. A
continuación se pasan los 9 meq/Kg a mg/Kg, multiplicando por 39
(peso del ion potasio), y dará 351
ppm de potasio cambiable. Para
averiguar el potasio soluble se procede igual
que para el nitrógeno pasándolo a mg/l y luego a ppm según la
siguiente operación: 3,2 x 39 x 0,32 = 40
ppm de potasio soluble.
Ahora que los dos potasios están en ppm se suman y se obtienen las
391 ppm de potasio
asimilable que contempla el
análisis de fertilidad. El calcio y magnesio asimilable se
determinan de la misma forma que el potasio asimilable, en el
supuesto de que se quiera averiguar este dato.
P.D. Siento que haya quedado una entrada un poco, o mucho, "tocho".


























