CAJAMAR 31 de octubre: Gestión integrada de plagas en pepino. 10 h

martes, 28 de octubre de 2014

Pepino Espartaco. Macheo y torcidos corregidos (2 de 2)

Habíamos dejado a primeros de octubre a nuestro pepino Espartaco macheado y curvando los primeros pepinos, en el momento en que el agricultor avisó a un técnico de su confianza. Su primera recomendación fue retirar la manta térmica de las bandas, para mejorar la ventilación del invernadero; la bajada de la temperatura y de la humedad relativa propició una mayor transpiración, y con ella una mejora de la fotosíntesis neta, y consecuentemente una subida de la relación carbono/nitrógeno de la planta y un aumento de su tendencia generativa. La planta empezó a preocuparse de sus frutos, y el aumento de la transpiración mejoró la absorción de calcio; pero mi colega de profesión conocía como estaba este año el agua de Sol y Arena en la zona de San Agustín, y sabía que esto no sería suficiente. Había que equilibrar el abonado y subir la CE de la solución de riego para garantizar la nutrición del cultivo. En la primera imagen podéis ver el llenado de tanques que propuso; se suprimió el innecesario sulfato de magnesio y el nitrato amónico para evitar antagonismos con el calcio [1], se añadió fosfato monopotásico para completar los requerimientos de potasio sin subir demasiado ni nitratos ni sulfatos, y se aumentó la CE del riego a 2,5 dS/m. Aunque los niveles de potasio todavía son bajos y la relación calcio/magnesio no es del todo correcta, por primera vez nuestro pepino Espartaco recibía una solución nutritiva más o menos equilibrada, con unos niveles razonables de todos los macronutrientes, al tiempo que el clima del invernadero -menos caliente y menos húmedo- propiciaba la acumulación de carbohidratos y la formación de frutos. La respuesta positiva de la planta no se hizo esperar: el color de las hojas mejoró, desaparecieron las flores macho y los frutos empezaron a salir rectos. Con solo aplicar el sentido común el cultivo comenzó a volver a su cauce.
Como decía, teóricamente la solución nutritiva que propuso mi colega no es del todo correcta, pero una premisa que debe tenerse siempre presente es que las plantas -como cualquier ser vivo- no reaccionan bien a cambios demasiado bruscos en su ambiente. A mi juicio, no conviene subir bruscamente la CE del riego más de 0,3 dS/m, y eso fue exactamente lo que hicieron técnico y agricultor en este cultivo. Teóricamente, para dejar un equilibrio redondo la CE del riego debería subirse -después de unos cuantos riegos a 2,5 dS/m para que la planta se adapte a la nueva situción- a 2,8 dS/m, y prescindir del ácido fosfórico para no pasarse con el fósforo. Esta solución -que podéis ver en la segunda imagen- nos daría un equilibrio en teoría casi perfecto: Respecto al nitrógeno, los nitratos (NO3-) quedarían en unos potentes -pero a mi juicio no excesivos para un pepino- 14,31 mM/L gracias a confiar completamente la regulación del pH al ácido nítrico, mientras que el amonio (NH4+) se mantendría en unos moderados 0,66 mM/L para no estorbar la absorción de calcio. Los fosfatos (PO4H2-) y el potasio (K+) se mantendrían en valores correctos -1,75 y 6,65 mM/L respectivamente-, mientras el calcio (Ca2+) estaría cerca de doblar al magnesio (Mg2+) -4,16 mM/L de calcio por 2,40 mM/L de magnesio-. Con este agua de riego, subir la CE a 2,8 dS/m es nutrir a las plantas; acostumbrémonos, que tal y como están nuestros acuíferos no nos va a quedar otro remedio que trabajar con valores similares o incluso superiores...
Pero una cosa son los ajustes teóricos frente al ordenador y otra muy distinta los ajustes prácticos a pie de campo, y el que visita la finca y ve este cultivo es mi colega profesional; él conoce muchísimo mejor que yo -y que nadie- como están estos pepinos y, puesto que el cambio en la planta ha sido tan drástico y el cultivo ahora va viento en popa, ha considerado que no era necesario subir más la CE y la ha mantenido en 2,5 dS/m. Y las plantas de pepino Espartaco aprueban su criterio, pues -como se muestra en la tercera imagen- ahora pueden verse nuevos pepinillos, rectos y con buen cierre, brotando en coyunturas que hace unas semanas solo tenían flores macho y algún otro pepino culón. Ha bastado manejar el cultivo con sentido común y un abonado equilibrado para "domar" a una variedad que muchos condenarían como una bestia ingobernable... A mi juicio, en TODOS estos problemas que vemos en los cultivos existe un componente varietal, y -simultáneamente- TODOS estos problemas están originados por un manejo inadecuado del ambiente que rodea al cultivo, entendiendo por ambiente el clima, el riego y la nutrición. No es una contradicción; ni todas las variedades tienen porque ser un "todo terreno" que aguante lo que le eches, ni todos los cultivos tienen porque manejarse igual... En la agricultura del siglo XXI hay que acostumbrarse a pensar, medir, calcular y ajustar; un metro sigue sin ser holgura, pero los pequeños detalles cuentan cada vez más. Un simple análisis de agua de riego puede evitar al técnico muchos palos de ciego, y al agricultor puede ahorrarle muchos problemas... Y algunos euros en tratamientos tan caros como inútiles.

[1] No hay que olvidar que el amonio (NH4+) es un fuerte antagonista del calcio (Ca2+) En situaciones como la que describen los post, con aguas de riego con más magnesio que calcio y condiciones de cultivo que dificulten la transpiración, utilizar abonos amoniacales -o urea- resulta contraproducente. En este sentido, conviene recordar que gran parte del nitrógeno de muchos abonos cristalinos se aporta de forma amoniacal o ureica, así que ojo al parche con ellos.

lunes, 27 de octubre de 2014

Pepino Espartaco. Macheo y torcidos corregidos (1 de 2)

Muchos ya sospecharían -y otros estaban seguros de ello- que todas las fotos del post que dediqué hace unos días a los pepinos desregulados (ver aquí) se habían tomado en fincas de pepino donde se cultivaba esta variedad de Monsanto. Si bien es cierto que el Espartaco no es una variedad que sea santo de mi devoción, hay que reconocer que se puede cultivar perfectamente y sin ningún problema, siempre que se tenga en cuenta que su tendencia vegetativa es mayor que la de otras variedades. De hecho, las fotos de la primera imagen de este post están hechas en el mismo cultivo de Espartaco donde 12 días antes se realizaron las fotos de la primera y la tercera imagen del post de los pepinos desregulados... Vamos, que las fotos demuestran que el Espartaco es un pepino de calidad y que los problemas de macheo y frutos torcidos en pepino son fácilmente solucionables, siempre que tengamos en cuenta su origen y que tomemos las medidas oportunas en el cultivo. Y a las causas del problema y a como lo ha solucionado uno de mis colegas de profesión nos dedicaremos en estos dos post; el que tenga paciencia y ganas que me siga...

Para empezar localicemos la finca problemática. El cultivo está en la zona de San Agustín, área de tierras rojas -suelos arenosos o franco-arenosos por excelencia-, que si no se estercolan con cierta frecuencia tienen una Capacidad de Intercambio Catiónica (CIC) muy baja. El suelo de la finca en cuestión no se ha estercolado jamás y drena muy bien, por lo que -aunque lamentablemente carecemos de análisis de suelo- podemos asumir que apenas tiene inercia ni capacidad de regular los desequilibrios del abonado. El agua de riego es la de la Comunidad de Regantes Sol y Arena, un agua que conozco muy bien, puesto que llevo muchos años trabajando en esa zona. En la tabla adjunta podéis ver su evolución histórica en los últimos 12 años; nunca ha sido un agua mala, pero en función del volumen de agua del Beninar que esté disponible, los valores de CE oscilan por encima o por debajo de 1 dS/m. El único problema que podemos encontrarnos es el aporte de magnesio (Mg2+), que unos años está por debajo de las necesidades del cultivo, otros las cubre y otros las supera ampliamente, circunstancia que en pepino puede causar algunos problemas que veremos más adelante. Este año 2014 -con el Beninar en punto muerto- tenemos en San Agustín valores de CE de 1,25 dS/m y niveles de magnesio de 2,40 mM/L, de los más altos registrados en los últimos años.
Pues el caso es que así estaban las cosas cuando en septiembre el agricultor plantó su pepino Espartaco... Fiándose de sus años de experiencia llenó sus tanques tal y como podéis ver en la figura adjunta y marcó en su máquina de riego un valor de pH de 6 y una CE de 1,8 dS/m. Si el agua de riego hubiera tenido una CE en torno a 0,8 dS/m -como pasaba hace 4 años- el equilibrio de abonado hubiera sido más o menos correcto, pero con valores de 1,25 dS/m las pobres plantas jóvenes de pepino pasaron muchísima hambre debido al ridículo aporte de abono; el único nutriente que alcanza valores dignos de mención es el nitrato (NO3-), pero aún así está bajo -6,56 mM/L-. Es en estos momentos donde entraría en acción la CIC -la despensa del suelo- para compensar este déficit de nutrientes, pero en una tierra roja sin estercolar esa despensa es tan escasa que apenas se puede contar con ella... Además, nuestro pepinero, con un más que justificado miedo a los virus y a la mosca blanca, colocó una manta térmica en las bandas, que hasta que la lluvia se llevó el blanqueo permanecieron además bien trincadas. Es verdad que mantener las delicadas raíces y pelos absorbentes que nuestra plántula trae del semillero requiere niveles altos de nitrógeno y CE bajas -ver aquí-; tan cierto como que para que una joven planta ya agarrada emita nuevas raíces necesitamos harina de otro costal -ver aquí-. Este déficit de raíz, junto con la baja tasa fotosintética que estaba provocando la excesiva hermeticidad del invernadero, provocó que la planta tuviera una relación Carbono/Nitrógeno muy baja y, consecuentemente, un aumento de su tendencia vegetativa, un concepto agronómico tan antiguo que ya hace casi 100 años que se postuló -ver aquí-, pero que solemos olvidar. En el cultivo se estaba haciendo justamente lo contrario de lo que necesita una variedad tan vegetativa como Espartaco, así que cuando a la planta le faltaba poco para llegar al alambre era evidente que los pepinos se estaban embarracando y que si no se hacía algo acabarían fuertes como burros.
En ese momento el agricultor decidió cambiar el abonado y, siguiendo la tan errónea como extendida creencia de que el nitrato de calcio lanza a las plantas hasta el infinito y más allá, redujo drásticamente el porcentaje de tanque del nitrato cálcico a un 30%, aumentando el porcentaje del tanque del nitrato potásico a un 70% y la CE a 2,2 dS/m. Esperaba el hombre que sus plantas enfrutaran rápidamente con el "chute de potasio", pero en vez de eso sus pepinos siguieron macheando, al tiempo que los primeros frutos se curvaban... ¿Qué estaba pasando? Pues si calculamos esos molestos y engañosos milimoles resulta que la solución nutritiva resultante del cambio de abonado tenía muy poco de "chute de potasio" pues el potasio (K+) apenas llegaba al 70% de lo que requiere un pepino a punto de enfrutar -4,75 mM/L-; en realidad el abonado no cubría las necesidades de la planta, y lo que de verdad había aumentado era el nitrógeno, pues sumando las fracciones nítrica (NO3-) y amoniacal (NH4+) ya estaba en unos niveles aceptables para abonar una variedad de tomate de sabor, aunque insuficientes para un pepino (9,14 y 1,15 mM/L respectivamente) Pero ese brusco cambio en los porcentajes había aumentado aún más el fortísimo desequilibrio que ya existía en la relación entre el calcio y el magnesio; en cualquier caso el nivel de calcio (Ca2+) ha de ser el doble del de magnesio (Mg2+) para garantizar la correcta absorción del calcio, y en esta solución de abonado la relación casi está invertida (1,77 mM/L de calcio frente a 2,71 mM/L de magnesio) Desde el principio no se debía haber incluido el sulfato de magnesio en el abonado -pues el agua aporta todo el magnesio que necesita la planta-, pero es que además se había subido el aporte de magnesio y disminuido el de calcio justo al principio del engorde de frutos, en una planta sometida a un fuerte estrés transpiratorio -debido al calor y a la falta de ventilación- y muy vegetativa -y, por tanto, poco interesada en los frutos-... El resultado: déficit de calcio y pepinos curvados. Estoy seguro de que en condiciones transpitatorias menos estresantes que las de este calurosísimo otoño, o en un suelo con algo más de materia orgánica, o abonando con una CE algo más alta no hubieran aparecido frutos curvados en el cultivo; pero así son las cosas cuando caminamos por el filo de la navaja... Basta añadir un pequeño factor desequilibrante más para que aparezcan los problemas.
Y ahí estabamos cuando el perplejo agricultor avisó al compañero de profesión que me envió las fotos de las que hablábamos al principio del post. Y tuvo suerte el agricultor de que mi colega no fuese un seguidor de la nutrición postmoderna, sino que perteneciera a la trasnochada escuela técnica de la calculadora y los milimoles, porque -además de ahorrase unos cuantos cientos de euros en garrafas- solucionó el problema con poco más que un simple cambio de abonado... Pero eso lo dejaremos para el post de mañana.

Todos los equilibrios de abonado de las imágenes se han calculado con la hoja exel de cálculos inversos de soluciones nutritivas, una herramienta -que publicamos hace tiempo aquí- con la que es fácil y rápido calcular el equilibrio de abonado partiendo del análisis de agua de riego, el llenado de tanques, los porcentajes de abonado y la CE y pH del abonado. A mi juicio, es bastante más intuitiva, pues permite calcular el equilibrio a partir del llenado de tanques o los kilogramos de abono que -a fin de cuentas- son los parámetros con los que estamos más familiarizados en la práctica diaria. Personalmente, es la que herramienta que suelo utilizar siempre que trabajo con cultivos y aguas que conozco bien.
Otro detalle es tener en cuenta el valor del carbonato (CO32-) presente en el agua de riego, que ha de multiplicarse por 2 y sumarse al del bicarbonato (CO3H-) para que el cálculo del aporte de ácidos sea correcto. Cuando añadimos ácido a un agua de riego con carbonatos, cada mol de carbonato ha de neutralizarse primero a bicarbonato -consumiendo un mol de ácido-, y este bicarbonato posteriormente -junto con el resto de los bicarbonatos a neutralizar- consumirá otro mol de ácido para convertirse en ácido carbónico (CO3H2) A presión atmosférica, este ácido carbónico se convierte rápidamente en CO2 y H2O, en un proceso exactamente idéntico al que ocurre cuando abrimos una lata de CocaCola.

sábado, 25 de octubre de 2014

Tiempo de papas

Se acerca el tiempo de las papas tempranas de Adra. Ahora los terrenos se han desinfectado a la espera de que llegue mitad de noviembre. Aquí las papas se siembran en caballones separados unos 60-70 cm en la parte superior. La semilla de papa se entierra unos 6-10 cm en lo alto del caballón y separadas unas de otras unos 20 cm. Cuanto más separación más gordas y viceversa. El riego es todavía a manto aunque se puede hacer de cualquier otra manera. Para el abonado solo se suele utilizar nitrógeno y potasio, dependiendo el fósforo del que tenga el suelo, que aquí no supone un problema. Utilizamos patatas de carne blanca y piel blanco-amarillenta. Son bastante buenas para freír, lo cual quiere decir que tienen bastante materia seca (principalmente almidón) y pocos azúcares. En las variedades con poca materia seca como las utilizadas para cocer la presencia de gran cantidad de azucares hace que al freirse aparezcan rapidamente manchas marrones porque los azucares se queman. Hay muchisimas variedades, aquí se siembran Blanquilla, Monalisa, Slaney o la extinta y muy buena Arran Banner. Si se quieren vender en condiciones están prohibidas las de carne amarilla. El ciclo de estas ultratempranas  es medio puesto que va a durar más de 120 días. Si se recogen para San Marcos se venden alrededor de 1 € kg. Después bajan de precio. La producción es de 5-6 kg/m.
Se utiliza como herbicida la metribuzina. Y hay que cuidar especialmente que no nos aparezca el tizón tardío con aplicaciones regulares de cobre u otro antimildeo barato como el mancoceb.
Un manual sencillo es este.
Y para quien tenga curiosidad por las variedades autóctonas aquí está el catálogo.

jueves, 23 de octubre de 2014

"Sticky flower" en el calabacín

Este problema ha sido tratado en post antiguos. Pero desde 2007 se tiene claro que depende del aquilibrio hormonal de la planta. Cuando se retrasa la formación de la zona de abcisión en la flor hembra se produce este fenómeno, en parte debido a una escasez de etileno en la flor. En cucurbitáceas monoicas como el calabacín algunos desequilibrios hormonales producen flores hembra con indicios de órganos de la flor macho. Este tipo de flores son los que presentan la flor pegada de la que hablamos. Probablemente aparte del componente varietal quetiene la fisiopatía también intervienen como
inductoras determinadas condiciones meteorológicas, pero lo normal es que el propio clima resuelva el problema en un poco de tiempo. Quien quiera una información más completa tiene que acercarse a los trabajos que realizó el equipo del doctor Jamilena, de la UAL, sobre este asunto al final de la década pasada. Hasta ahora no hay ningún tratamiento que podamos recomendar que sea efectivo, a pesar de la cantidad de dimes y diretes que se generó en aquellos años. Lo mejor es elegir bien la variedad si se puede.
Las fotos son de Hortelano. En ellas se observan elementos de la flor masculina en la flor hembra.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Okra

Ya se empiezan a ver cultivos de okra o quimbombó en los invernaderos de Almería. Yo conozco poco de este cultivo por lo que remito a esta hoja divulgativa del Ministerio. Es una planta de la familia de las malvas de origen africano y se ve que es muy consumida en algunos paises.
Las fotos son de Oscar del Blanco.












lunes, 20 de octubre de 2014

Pulgones, Orius y pimetrozina.

En la zona por donde más me muevo, este año han tardado en llegar los pulgones... Pero todo lo bueno termina acabándose, así que hace diez días vimos el primer foco en unas pocas plantas de pimiento -no más de tres- y, cosas de este verano loco, húmedo y largo, en ese pequeño foco se concentraba toda una pléyade de depredadores de pulgón. Había una auténtica nube de crisopas verdes volando alrededor de las plantas -Chrysoperla spp.-; y más que iba a haber, porque había muchas pupas sin eclosionar en las hojas bajas. Las larvas de crisopa no eran muy abundantes -solo llegué a ver la de la foto-, pero no tardarían mucho en serlo, porque las hojas y los frutos estaban sembrados de huevos. En otras hojas abundaban las larvas de Aphidoletes aphidimyza (un mosquito cecidómido del que hablé hace tiempo aquí) succionando pulgones a diestro y siniestro. Los Scymnus (unas pequeñas mariquitas, depredadoras voracísimas de pulgones a las que dediqué mi primer post en homo agricola) también habían estado funcionando, pero en ese momento los que vi estaban pupando. Incluso se habían pasado por la colonia de pulgón los sírfidos, esas moscas disfrazadas de avispas de las que he hablado varias veces (aquí y aquí) cuyas larvas comen áfidos y que aparecerían pronto en la colonia, pues era fácil ver sus huevos sobre las hojas. Como viene siendo habitual, los únicos que habían faltado a la cita eran los parasitoides, diezmados por las altas temperaturas y el hiperparasitismo; también en este blog se ha hablado de hiperparásitos de afelínidos varias veces (aquí, aquí y aquí)
Hace unos años habríamos respetado a todos estos depredadores, y la situación se habría resuelto con una suelta de Aphidius colemani y -tal vez, y después de insistir mucho al agricultor- con una vuelta de Plenum por riego; pero las cosas han cambiado... y mucho. La aparición hace dos años del PeVYV -Pepper Vein Yellow Virus- "abutanando" los frutos de algunas -o de muchas- plantas en un buen número de cultivos de pimiento provocó la alarma de los pimenteros del poniente, aunque todo aquello pasara a un segundo plano el año pasado con la irrupción del tristemente famosísimo Nueva Delhi. Desde entonces los pimenteros tenemos motivos para temer a todos los pulgones, pero al menos en las zonas por donde camino -y camino bastante- TODOS los casos que conozco en los últimos tres años de PeVYV están relacionados con la presencia de Aphis gossypii. No digo que no se hayan dado infecciones de este virus con otras especies -a fin de cuentas no visito todas y cada una de las casi 9.000 Ha de pimiento que se plantan en la zona-, pero en tres años de presencia del PeVYV en Almería ni yo, ni gente que sabe de bichos y virus mucho más que yo, hemos visto infecciones de este virus con otra especie de pulgón distinta al "piojo negro". El caso es que la colonia donde fotografié a todos esos depredadores era precisamente de la cepa enana de Aphis gossypii, un mal bicho que se esconde en las hojas bajas para pasar desapercibido y es difícil de parasitar[1]; y aunque la colonia estaba siendo diezmada por los depredadores -como podéis ver en la segunda imagen- las hembras ápteras supervivientes parían ninfas como churros y empezaban a aparecer las primeras hembras aladas... Había que actuar, y rápido. Los depredadores tenían los minutos contados; media hora después de hacer las fotos la colonia se trató con Plenum, al mismo tiempo que las 5 Ha de pimientos restantes recibían un tratamiento por riego con ese mismo producto...  Adiós al Aphidoletes y a las nubes de crisopas[2]; se habían convertido en daños colaterales de la guerra integrada contra las plagas que libramos en cada uno de los cultivos de mi empresa. Al día siguiente mis compañeros técnicos y yo comenzamos a recomendar pimetrozina por riego en nuestros cultivos de pimiento de esa zona, combinándolas con sueltas preventivas de Aphidius; habían comenzado los vuelos de pulgón en ese área y hay que adelantarse al enemigo con todas las armas disponibles.
Pero si en toda guerra hay que acabar con el enemigo, también hay que mantener en pie al propio ejercito; se pueden asumir bajas tácticas, siempre que el grueso de las tropas se mantenga firme o que se recluten nuevos efectivos... En el campo se está utilizando alegremente la pimetrozina por vía foliar, olvidando que -aunque su efecto no es persistente- aplicada de esta manera es un categoría 2 para las formas móviles de Orius laviegatus y, además, especialmente tóxica para las ninfas, lo que significa que con la aplicación foliar morirá entre un 25 y un 50% de la población. Durante la fase de instalación, cuando la mayor parte de la población son ninfas, su utilización retrasará el establecimiento de las chinches, a no ser que se refuerce con nuevas sueltas, que -como sabemos por experiencia- resultarán inútiles si se realizan en las últimas semanas de octubre, con días cada vez más cortos y temperaturas cada vez más bajas. Lo que estoy diciendo no es ninguna novedad; la pimetrozina lleva 15 años en el mercado y para comprobarlo basta con consultar el manual de efectos secundarios de cualquier casa de auxiliares (por ejemplo, los de Biobest o Koppert) Tampoco es ningún secreto que, para reducir estos efectos sobre el Orius, se está rebajando la dosis de aplicación del producto, con el consiguiente riesgo de que aparezcan resistencias en Aphis gossypii, la especie que con más facilidad puede desarrollarlas y la mejor y principal transmisora del virus. El miedo es libre, pero como perdamos una de las pocas herramientas compatibles que tenemos contra esta plaga vamos aviaos... Llevo en esto del control integrado de pimiento desde 1998 -antes de que apareciera el Plenum- y entonces la única manera de parar al Aphis gossypii en épocas de calor era detectar los focos cuanto antes y tratarlos con Confidor, sabiendo que en esas plantas perdíamos definitivamente a la Orius y con ella, el control de trips; si los focos se extendían no quedaba otra que aguantar y esperar al Aphidius; pero claro, entonces podíamos hacerlo, porque no teníamos al Virus de la Vena Amarilla del Pimiento por aquí...
Personalmente seguiré recomendando la pimetrozina vía riego en los pimientos, aunque no descarto recurrir a un pase foliar si sufro una entrada masiva de Aphis gossypii. Pero si tengo que recomendarlo por vía foliar lo haré a la dosis correcta, le explicaré al agricultor el efecto que tendrá sobre su Orius y trataré de convencerlo para que refuerce con más chinches. Al fin y al cabo parece que la Orius es ya suficientemente barata; ya hay hasta quien generosamente la regala en sus ofertas de inicio de campaña, como hace Vodafone con los teléfonos móviles...

[1] Aunque los Aphidius son perfectamente capaces de parasitar las cepas enanas del Aphis gossypii, el pequeño tamaño de los pulgones hace que muchas larvas de avispa mueran antes de convertirse en adultos, alcanzándo la madurez solo los individuos más pequeños, con lo que se ralentiza el crecimiento de la población del parasitoide y se retrasa el control de la plaga. La única manera de mejorar el control biológico de estas cepas enanas de pulgón es incrementar la dosis de suelta del parasitoide, para contrarrestar la mortandad de larvas inicial.
[2] La pimetrocina foliar es extremadamente tóxica para Aphidoletes aphidimyza (categoría 3), aunque por riego es algo más respetuosa (categoría 2) En cuanto a la Chrysoperla, la toxicidad directa es baja, pero los efectos subletales son muy importantes y disminuyen a la mitad el número de huevos que depositan las hembras.

viernes, 17 de octubre de 2014

Muerto el perro......

No siempre voy a poner problemas. Una vez que las mínimas han descendido hemos alcanzado una situación meteorológica casi ideal para el cuaje y las plantas que se lo pueden permitir están aprovechando para cuajar "a tutiplén" como diría un amigo. No hay que olvidarse que influyen orografía, tipo de invernadero y variedad, entre otras cosas.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Año de "stip"

Esta fisiopatía también denominada "colour spot" aparece en algunas variedades, las menos. Después de muchos años sin hacerse de notar, esta campaña se  vuelve a ver bastante. Investigada en los noventa por la gente de la Florida State University y ya en este siglo por el equipo de Beni Aloni del Institute of Plant Sciences (the Volcano Center) de Israel, las conclusiones que han obtenido son contradictorias pues el nitrógeno no afectaba en algunos experimentos y tenía efectos negativos en otros. Se habló de una combinación de alta concentyración de nitrógeno y excesiva sombra sobre los frutos. Al final parece que todas las fisiopatías que afectan al fruto del pimiento (pale spot, yellow spot, colour spot, flecks, specks, scrap e incluso BER) se deben a la presencia de radicales libres en las celulas de los frutos que mueren por debido a su efecto. Son problemas que dependen de la variedad y hasta ahora no se ha encontrado un método de control adecuado en las variedades sensibles.

domingo, 12 de octubre de 2014

Máster en Horticultura Mediterránea bajo Invernadero--Litzstomania

Este nuevo máster de la UAL debe ser de lo más avanzado que se puede estudiar hoy en día en nuestro país sobre cultivos en invernadero. Parece que han disminuido algo la carga de enseñanza presencial para favorecer la participación deprofesionales en activo. Ofrecen cuatro itinerarios:
-Tecnología de invernaderos
-Cultivos protegidos
-Poscosecha y calidad
-Intensive horticulture (en inglés)
Como siempre el factor limitante es el nivel de precios de las enseñanzas oficiales alque se ha llegado eneste país.

Aquí teneis su página con video incluido.



sábado, 11 de octubre de 2014

Equilibrando (o desequilibrando) a los pepinos

Entre los cultivos que hacemos en Almería el pepino es una "rara avis". Mientras sufrimos para cuajar tomates, pimientos, berenjenas y judías -y no digamos melones y sandías- y andamos todos los días con la mochila a cuestas para conseguir que los calabacines no se nos chupen, las modernas variedades partenocárpicas de pepino cuajan los frutos sin esfuerzo alguno; así que muchos creen que, puesto que no hay que pelear el cuajado, basta con llevar los pepinos como burros para obtener una buena cosecha... Nada mas lejos de la realidad; como cualquier buen pepinero sabe, tan malo es llevar un pepino demasiado fuerte, como llevar un pepino demasiado flojo, o -en palabras más técnicas- tan malo es para obtener una buena producción que la planta vaya demasiado vegetativa como que vaya demasiado generativa. Como en todo lo que tiene que ver con el manejo de un cultivo, es evidente que en la aparición de todos los problemas que vamos a describir hay un marcado componente varietal, pero este hecho no hace sino ratificar que en los pepinos, como en cualquier otra planta, lo más importante es el manejo de cultivo, que -aunque siguiendo unos parámetros generales- debe ajustarse ligeramente para cada variedad..
Los primeros síntomas de que un pepino va demasiado fuerte son los que aparecen en la primera imagen. Los sépalos gigantes son el primer síntoma y más una anécdota que un verdadero problema. Más serio es el macheo, que no es otra cosa sino la aparición de flores macho en plantas en principio partenocárpicas, aunque al final la planta suele acabar regulándose por si misma y produciendo frutos comerciales[1] Las "flores pegadas" parecen un problema menor, pero conforme el fruto alcanza su tamaño comercial terminan degenerando en un cierre pistilar demasiado grande -el denominado "culo de mono"- que es un defecto de calidad grave[2] Si además el problema aparece en épocas húmedas la cosa se complica, pues estos enormes cierres pistilares son una perfecta vía de entrada para la Didymella bryoniae (la cada vez más complicada micofarela), que puede infectar los frutos desde dentro, pasar inadvertida durante la confección y provocar costosísimas reclamaciones de cliente (hablé de ello aquí) Pero sin duda el problema más grave es el que podéis ver en la segunda foto -que me han enviado por email y que esta tomada en otro cultivo-: la aparición de estructuras vegetativas -tallos o zarzillos- en los frutos, pues es evidente que esos frutos no se podrán comercializar.
Si bien el origen fisiológico del problema debe ser de naturaleza hormonal -a fin de cuentas son las hormonas endógenas las que controlan todo el desarrollo de la planta-, la causa agronómica es un manejo inadecuado del cultivo que propicia un exceso de la tendencia vegetativa (que no es lo mismo que el vigor)[3] El uso de dotaciones de riego cortas y frecuentes -que reducen el volumen radicular-, conductividades eléctricas demasiado bajas en la solución del suelo, la humedad relativa excesiva, el exceso de sombreo -que además de reducir la fotosíntesis, incrementa la humedad relativa- y los niveles bajos de CO2 aumentan la tendencia vegetativa y -evidentemente- lo contrario aumenta la tendencia generativa; a pesar de lo que muchos opinan, sinceramente creo que los niveles de nitrógeno no son definitivos en este aspecto, aunque los niveles altos refuerzan la tendencia vegetativa... Vamos, que una planta vegetativa se volverá más vegetativa aún si nos excedemos con el nitrógeno, pero -si no actuamos sobre los factores ambientales- una planta generativa seguirá siendo generativa aunque solo la abonemos con 33,5 (sobre esto ya hablé hace pocos días aquí) Pero variar drásticamente estos parámetros ambientales siempre es arriesgado, y en una planta con un metabolismo tan rápido como el pepino aún lo es más. Cambios bruscos en el riego, la ventilación, el blanqueo y/o la conductividad de abonado justo antes de entrar en producción pueden ser desastrosos, de hecho la tercera foto muestra pepinos curvados -evidentemente por éstres- en la misma finca donde se tomaron las fotos de la primera imagen. La aparición del macheo y los culos de mono disparó las alarmas, se cambiaron radicalmente el abonado y el riego, y pasamos de un extremo a otro; si me permitís el símil automovilístico, en ese cultivo de pepino se pasaron de frenada y contravolantearon en plena curva, pero acabaron brincando los pianos y haciendo un trompo en la hierba del arcén interior... Y este es un error demasiado extendido en el pepino, que muchos manejan con unos aportes de abono ridículamente cortos y desplazados hacia el nitrógeno durante la floración, cambiando drásticamente a aportes brutales de nitrato potásico justo antes de entrar en producción; resultado: plantas exuberantes que abortan, curvan o chupan todos los pepinos de la parte alta de la caña. Como acertadamente ha apuntado el compañero Sergii en su comentario del post anterior, los pepinos en plena floración tienen una demanda de abono mucho más alta que durante el engorde, y es en ese momento (en el que además aún no se está regando demasiado) cuando debemos subir la concentración del abonado para garantizar que la fertirrigación cubra las necesidades de la planta.
Para terminar unas fotos de dos espectaculares cultivos de pepino realizadas el viernes por la mañana. En el hidropónico la variedad es Pradera (Rijk Zwaan) mientras que en el suelo es Borja (Enza Zaden) y ambas se plantaron a caballo entre finales de agosto y primeros de septiembre. El manejo en ambos casos ha sido muy simple, tratando siempre de mantener a la planta en equilibrio: abonado estándar equilibrado -el mismo desde el inicio hasta el final- manteniendo unos aportes sobre el agua de riego de 1,3 a 1,5 dS/m, riegos siguiendo la demanda de la planta, eliminación progresiva del blanqueo a partir del inicio de la tercera semana de cultivo (primero golpeo de la cubierta, a los 7 días limpieza con agua de la raspa de levante, 7 días después limpieza con agua de la cara de poniente, rulo después de las lluvias) y ventilación desde el inicio del cultivo. Con el septiembre tan caluroso que hemos tenido se optó por quitar el blanqueo de forma progresiva, así que la planta alcanzó el alambre sin apenas flores y con un vigor más bien bajo, pero con un porte que ya permitía a la planta mantener una humedad relativa decente en la finca con su sola transpiración -incluso, como podéis ver, en un invernadero tan seco como un hidropónico, en el que se retiró el acolchado para aumentar algo la evaporación del suelo-. Una vez que las plantas notaron la luz, la mejora de la tasa fotosintética aumento el vigor de las plantas, que además fueron enfrutando progresivamente; ahora mismo toda la caña está asegurada, no ha habido un agolpamiento de frutos en los pisos más bajos de la planta y ese equilibrio ha permitido el desarrollo de los frutos de los pisos más altos. No se han usado enrraizantes, ni vigorizantes, ni aminoácidos, ni pamplinas de ningún tipo, simplemente un manejo cuidadoso y progresivo del clima y el riego; esto -combinado con una chispa de suerte- es más que suficiente para sacar un buen cultivo de pepinos sin perder frutos en la caña. Como me dijo mi primer maestro en esto del peritaje el primer día que me subí a su furgoneta de perito: "La agricultura la inventaron los mesopotámicos y entonces lo importante era el clima, el riego y las faenas. Han pasado 9000 años y hemos inventado muchas cosas, pero lo importante sigue siendo el clima, el riego y las faenas"... Han pasado 17 años -y muchísimas cosas- desde aquello, pero no dejo nunca de tener presentes -y de agradecer infinitamente- aquellas palabras...


[1] El hecho de que la planta deje de machear si se elimina el ápice en crecimiento parece indicar de que el origen fisiológico del problema puede ser un desequilibrio hormonal a favor de las auxinas que se corrige al eliminar el ápice, que es la zona donde se sintetizan estas hormonas. Sin embargo, la estrecha relación existente entre los niveles endógenos de todas las hormonas vegetales no permite descartar la influencia de otras familias hormonales en este proceso, más aún cuando la ciencia ha demostrado que en muchas especies de cucurbitáceas los niveles endógenos de etileno tienen un papel principal en la diferenciación del sexo de la flor.
[2] Que las flores pegadas aparezcan en pepino después de aplicaciones foliares con auxinas de síntesis, también parece reforzar que en estos problemas estén implicados este grupo de hormonas, aunque desconozco si existen estudios serios al respecto.
[3] Por vigor debe entenderse la capacidad de la planta para fabricar y movilizar carbohidratos, pero esos carbohidratos pueden ser destinados al crecimiento (y entonces hablamos de tendencia vegetativa) o a la producción de estructuras reproductivas, o sea frutos (y entonces hablamos de tendencia generativa) Evidentemente, el objetivo de cualquier técnico o agricultor en Almería debe ser que cuando se alcance la recolección sus plantas sean vigorosas y estén suficientemente generativas.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Salinidad en el suelo

Con esta entrada, a modo de transparencia, tan simple, y demasiado evidente, se pretenden dejar aclarados tres o cuatro conceptos básicos sobre la salinidad del suelo. Mil disculpas para los eruditos, científicos, sabios y demás. 

  • La salinidad hace decrecer los rendimientos. 
  • ¿Qué salinidad? ¿La del agua de riego? ¡¡ NO !!  la del agua en la rizosfera del cultivo. 
  • ¿Qué factores afectan a la acumulación salina en la rizosfera?
    • El riego inadecuado y deficitario
    • La conductividad eléctrica del agua de riego
    • El aporte incontrolado de fertilizantes
  • ¿Cómo se controla la salinidad del suelo?               
¡¡ LAVANDO !!

martes, 7 de octubre de 2014

La fruticultura del siglo XXI en España

Aunque no es exactamente el tema que gobierna esta página recomiendo por su interés como alternativa la descarga de este nuevo libro de Cajamar: La fruticultura del siglo XXI en España editado por Fernando Hueso y Julian Cuevas. A nosotros nos pueden interesar los subtropicales.

jueves, 2 de octubre de 2014

Nocturnas

Las temperaturas nocturnas tienen más influencia en el desarrollo y cuaje del pimiento que las diurnas. Cuando la temperatura nocturna es muy alta el cuaje es malo (está pasando). Cuando es muy baja también es malo pero si la diurna es también baja se produciran frutos partenocárpicos, si la temperatura diurna es alta caeran las flores. Hay que tener en cuenta otra consideración, si la planta es joven el óptimo se mueve en torno a 18 ºC, en tanto que si es vieja el óptimo baja a 12 ºC. A ver si se va el levante.

martes, 30 de septiembre de 2014

Misterios tomateros con el calcio y la "peseta" (2 de 2)

Nos habíamos quedado ayer con la finca donde sí hubo problemas de peseta en el 2012. Como podéis ver en la foto, entre finales de septiembre y primeros de octubre comenzó a aparecer blossom end rot en los frutos a medio engordar del primer ramo. Se trataba de un cultivo realizado en suelo sin enarenar, sobre un caballón que después se acolchó con plástico negro -para evitar malas hierbas y reducir la evaporación-. Para el riego se había utilizado un sistema de hidropónico -con goteros antidrenantes, microtubos y piquetas- colocando las piquetas en el agujero de plantación, cerca del cuello de la planta. El agua de riego que se utilizó en este cultivo tenía una conductividad eléctrica de 1,2 dS/m -más que aceptable para tomate-, aunque los propietarios de la finca -el agricultor la había cogido a renta ese año- habían utilizado en las campañas anteriores un pozo "privado" que rondaba los 4 dS/m.
En cuanto aparecieron los síntomas, el propio agricultor realizó un análisis de suelo, cuyo informe podéis ver en la segunda imagen. Ignoremos las marcas de bolígrafo y analicemos en profundidad los resultados, que la cosa tiene miga... Para empezar, se trata de un suelo franco, con un alto porcentaje de limo -le falta poco para ser franco-limoso- y una cantidad de arcilla relativamente baja; vamos, que es un suelo fresco, pero que no retendrá demasiada agua y drenará muy bien. El CIC del suelo es bastante alto (17,11 meq/100 g), cerca de lo que ya se puede considerar un suelo fértil -con un poco más de materia orgánica sería casi perfecto-, pero además el complejo de cambio muestra unos niveles de calcio excelentes (13,09 meq/ 100 g, o sea, un 76,5%); y encima los niveles de carbonato cálcico son altos (27,47%) con lo cual la reserva primaria de calcio en el suelo está más que garantizada. Si nos fijamos en el extracto saturado, los niveles son demasiado altos (sobre todo en el caso del sulfato), pero las relaciones entre los cationes son buenas, lo que indica que el abonado pudo haber sido excesivo, pero relativamente equilibrado. Si nos centramos en el calcio, tiene un nivel de 32,7 meq/L -o 16,35 mmol/L-, o sea que por estar, el calcio está hasta demasiado alto, ayudado por el hecho de que el agricultor incremento el aporte de calcio en cuanto vio la "peseta" en sus tomates; así que si ayer teníamos carencia de calcio sin "peseta", hoy tenemos "peseta" con un suelo que tiene calcio a puntapiés... ¡Vaya por dios!. La conductividad es también altísima (6,22 dS/m), pero ya vimos en el post de ayer que -incluso sin calcio en la solución del suelo- esos niveles de conductividad eléctrica no tienen por que causar "peseta" a un tomate; como bien saben muchos tomateros de Nijar -acostumbrados a lidiar con aguas muy salinas y a bregar con conductividades similares en sus suelos- con estas conductividades el calibre del fruto se resiente, pero no tienen porque aparecer problemas de blossom end rot si el manejo del riego y del clima es el adecuado. El agricultor estaba metiendo riegos bastante largos -de hecho, estaba metiendo mucha agua- y una conductividad de abonado no demasiado alta para tomate (algo menos de 3 dS/m)
¿Qué demonios estaba pasando para qué tuvieramos conductividades altas y blossom end root en un suelo excelente, donde se estaba aplicando agua más que suficiente, con un agua de riego de conductividad moderada y un abonado correcto?... Ahí es donde entran en juego varios detalles. Cojamos el caballón regado con un solo gotero colocado justo al lado de la planta y un suelo pobre en arcilla que drena muy bien; combinémoslos con los riegos largos que diariamente estaba aplicando el agricultor y tendremos la respuesta: La dotación de agua diaria era correcta, pero se estaba aplicando incorrectamente -en un riego largo-; se habían formado canales preferentes justo debajo del gotero (en los que el agua siempre va por donde ya hay agua, como las gotas de lluvia que resbalan por el cristal de una ventana), así que el agua escapaba a las capas profundas del suelo -fuera del alcance de la raíz- sin alcanzar el resto del caballón, que al desecarse había concentrado las sales hasta niveles demasiado altos. El caballón, primorosamente preparado para albergar las raíces de las plantas de tomate, se había convertido en gran parte en un frente salino incapaz de proporcionar agua a las plantas. Resultado: estrés hídrico extremo a las pocas horas de acabar de regar -probablemente más o menos desde el medio día hasta el crepúsculo durante todo el mes de septiembre- con frutos recién cuajados en las plantas y, consecuentemente, "habemus pesetazo". El problema derivaba de un manejo del riego inadecuado, que debería haber sido fraccionado en varios riegos diarios incluso desde antes de la plantación, en los riegos destinados a poner el caballón en tempero.
Y es que el movimiento del agua en el suelo depende de dos fuerzas: por un lado la gravedad, que tiende a arrastrar el agua hacia abajo y aumenta con la duración del riego -a más minutos, más agua; a más agua, más masa y a más masa, más gravedad-; y por otro la capilaridad, que tiende a arrastrar al agua hacía los lados y aumenta conforme en el suelo hay fracciones más finas -o sea, cuanta más arcilla tiene el suelo-. El vídeo siguiente -extraído de youtube- ilustra perfectamente lo que he expuesto (está en inglés, pero puede seguirse fácilmente sabiendo que sand significa arena, slit significa limo y clay significa arcilla)

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Viendo el vídeo parece claro que, cuanto menos arcilloso sea un suelo, más cortos tendrán que ser los riegos para provocar que el agua se mueva hacia los lados... Si en suelos que drenan muy bien (como es el caso del suelo franco -casi franco-limoso- labrado en caballón de aquella finca) damos riegos muy largos, la gravedad durante el riego será siempre mucho más fuerte que la capilaridad, así que el agua tenderá a perderse hacia los horizontes más profundos del suelo sin moverse apenas hacia los lados. Si perseveramos en el error, acabaremos formando canales preferentes en un bulbo húmedo muy estrecho, por el que agua circulará muy rápido por gravedad sin apenas movimiento lateral -que fue exactamente lo que pasó en el caballón de aquella finca-.
Ahora mismo más de uno estará pensando que eso no pasa en sus fincas enarenadas; y es verdad, porque -salvo en suelos muy arenosos- este fenómeno no suele ocurrir en los enarenados. ¿Por qué? Porque nuestro enarenado es un suelo extremadamente estratificado, con arena en la capa superior y una tierra más o menos arcillosa en la capa inferior, es decir, es un suelo con dos horizontes muy bien diferenciados y con tasas de infiltración muy diferentes. Cuando se da un riego largo en un enarenado pasa algo similar a lo que ocurre en el segundo vídeo -concrétamente en el periodo entre los 1:27 minutos y los 2:09-, aunque algo menos acusado. El agua que sale por nuestro gotero atraviesa rápidamente la capa de arena, pero cuando llega al suelo se frena al disminuir la tasa de infiltración; este cuello de botella provoca que el agua se desborde hacia los lados y se abra el bulbo húmedo -lo que coloquialmente llamamos aquí "hacer camá"-. Tan solo en enarenados sobre suelos muy arenosos, donde la diferencia entre las tasas de infiltración de la arena y el suelo es muy baja, pueden aparecer problemas de este tipo; y os aseguro que no hablo por hablar, alguno he sufrido en mis propias carnes.

video

Después del análisis el agricultor cambio la forma de regar, cambiando el riego largo por varios riegos diarios más cortos, pero resaturar y lavar un caballón es un proceso muy difícil y muy lento[1], así que -a pesar de los numerosos tratamientos con toda clase de gargerias (quelatos de calcio incluidos) que aplicó el agricultor- los problemas persistieron durante semanas, hasta que la bajada de las temperaturas y los días más cortos redujeron la demanda de agua de la planta. En las siguientes campañas el agricultor comenzó desde el principio a dar varios riegos cortos al día, y los problemas de peseta no volvieron a repetirse.

En los comentarios de hace dos sábados se me pidieron argumentos y se me instó a recomendar los mismos productos que recomiendan muchos de mis compañeros de profesión (y aclaro que están en su perfecto derecho de hacerlo) En cuanto a lo primero creo que he sido más que generoso en estos dos post. En cuanto a lo segundo, llevo ejerciendo mi profesión 17 años en la comarca del Poniente almeriense y -gracias a los requerimientos de los programas de calidad- he visto e interpretado cientos de análisis de suelo, en muchos de los cuales se reflejaban las nefastas consecuencias para nuestros suelos de abonar a base de "pelotazos de güano", tratando de modificar -la inmensa mayoría de las veces sin conseguirlo- el comportamiento de la planta de un plumazo, sin actuar sobre los parámetros que realmente influyen sobre el vegetal, que no son otros que el riego, el clima y las faenas culturales. Y que al mismo tiempo, trabajando como trabajamos con aguas de riego de excelente calidad y suelos naturalmente calizos, se hable de "suelos bloqueados", de "calcios quelatados" o de "quitasales" me parece una soberana absurdez. En todo este periodo aún no me he encontrado con un problema de blossom end rot que no se debiera a manejos inadecuados del riego o a condiciones climáticas extremas, muchas veces provocadas por manejos erróneos del blanqueo o la ventilación. Respecto a mi opinión sobre los famosos quelatos de calcio, considero que son innecesarios para prevenir la peseta y totalmente inútiles para corregirla; como he dicho alguna vez en algún comentario, opino que si hablamos de hortalizas de fruto -que es lo que trabajamos en los invernaderos de Almería y de lo que puedo hablar- la ligera mejoría que experimentan las plantas cuando se utilizan estos productos no es atribuible al calcio, sino a los aminoácidos que acompañan a estos quelatos -o que directamente complejan al catión-; no en vano algunos aminoácidos tienen efecto osmoprotectante en los vegetales, contribuyendo a mejorar el potencial osmótico de las células y por tanto su resistencia frente a estreses salinos, hídricos o transpiratorios. Pero ya puestos, personalmente prefiero no andarme con pamplinas y utilizar directamente sustancias con este efecto osmoprotectante que están disponibles en el mercado desde hace muchos años, como pueden ser el GABA (Auxigro) o la glicina-betaína (Greenstim). Líbreme dios de tratar de convencer a nadie; la fe es libre, y libre soy yo también de centrar mi fe en la química, la física y la fisiología vegetal en vez de en la vieja agricultura de la sota, el caballo y el rey.

[1] Como bien saben aquellos que han intentado resaturar una bolsa de sustrato, volver a saturar una pequeña bolsa de sustrato de 25 o 30 litros es una pesadilla si el sustrato es lana de roca, que apenas tiene capilaridad. Incluso la perlita, que tiene una capilaridad más que notable, es muy difícil de resaturar si el corte de drenaje se ha realizado en el fondo de la bolsa y no se ha dejado agua de reserva; así que imaginad la dificultad de resaturar y lavar ese enorme caballón, con un volumen muy superior a cualquier bolsa de sustrato.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Misterios tomateros con el calcio y la "peseta" (1 de 2)

Tan animada fue la discusión en los comentarios del post referente al calcio y la "peseta" -que hace dos sábados publicó Aguilera- (ver aquí), que me he animado a rescatar del archivo un par de casos que el compañero Errekerre tenía muy bien documentados. A estas alturas no será ningún secreto para los lectores del blog que Errekerre y yo caminamos principalmente por la zona de Tierras de Almería, así que no estamos hablando de aguas con conductividad alta y cloros y sodios por las nubes; los casos que voy a comentar han ocurrido utilizando aguas de riego con una conductividad eléctrica de apenas 1 dS/m, y con unos niveles de cloro y sodio muy discretos; vamos, con un agua de riego que envidiarían la inmensa mayoría de los agricultores de esta bendita piel de toro.
Empecemos con unas fotos del primer caso, que sin duda provocarían una animada y larga conversación en cualquier bar de Roquetas, Vicar, o cualquier otro pueblo eminentemente tomatero. Las fotos son de una plantación de tomate de ramo injertado -creo recordar que Ramile- situada a pocos centenares de metros del famoso bar de la güarra, y están tomadas a mediados de octubre del 2012. Muestran una planta excesivamente fuerte -que no termina de abrir bien las flores y que tiene el cogollo completamente rizado- en la que han comenzado a aparecer amarilleos y marchiteces en los extremos de las hojas apicales. A buen seguro, en esa hipotética charla de bar se expondrían todo tipo de especulaciones y se propondrían gran número de tratamientos "milagrosos" para corregir el problema, y muy probablemente el diagnóstico que he colocado sobre las imagenes -en letras bien grandes- sería calificado por muchos como "tonterias de perito"... Afortunadamente, ni a Errekerre ni a mí nos gusta especular, así que en su día analizamos la planta y el suelo, y a la luz de los resultados de los análisis, nuestro diagnóstico es -como podréis comprobar si seguis leyendo- inapelable.
A la derecha podéis ver el análisis foliar de la planta (si hacéis click sobre la imagen y/o la descargáis se leerá perfectamente) Si nos fijamos en los macroelementos, el nitrógeno, el fósforo y el potasio están en niveles correctos, si bien es cierto que el nitrógeno está cerca del límite superior y el potasio cerca del límite inferior, hecho que convendrá recordar más adelante. Los problemas surgen con el calcio (1,81%), que está bastante por debajo del límite inferior (2,5-5%), y el magnesio (0,73%), que está bastante por encima del limite superior (0,4-0,6%); de ahí mi rotunda afirmación de que los síntomas de las fotos son daños por carencia de calcio[1]. En los microelementos no hay nada que destacar; todos están en niveles aceptables, si tenemos en cuenta que la barbaridad de cobre que aparece proviene de aplicaciones foliares con sales de cobre, realizadas por el agricultor para frenar la planta -sin mucho éxito, todo hay que decirlo- y que los niveles de sodio esperables en un tomate bien nutrido han de ser menores de 1800 ppm.
El agricultor -convencido de que el nitrato de calcio lanzaría a sus tomates hasta el infinito y más allá- no había aplicado ni un solo gramo de este abono al cultivo, y había basado su abonado en aquella vieja cantinela de "A los tomates... ¡buenos viajes de potasa!" que tantas veces oí en mis ya lejanos tiempos de perito por tierras de Vicar; y esto se reflejaba perfectamente en el análisis de suelo que podéis ver a la derecha. Pero vayamos por partes; texturalmente el suelo es muy bueno, con una textura franco-arenosa -que no es simplemente franca por un pelín- y un nivel de materia orgánica excelente para lo que solemos ver en El Ejido (4,78%), lo cual le da un CIC de 13,37 meq/100 gr -bajo, pero mucho mayor de lo que habitualmente me encuentro-. Lo dicho, un suelo muy decente al que se estaba machacando con aplicaciones masivas de sulfato potásico, cloruro potásico y nitrato potásico, como puede verse en el extracto saturado: ¡25,32 mmol/L de potasio! -tres veces y media lo máximo que yo recomendaría-, si a eso sumamos la cantidad desproporcionada de sulfatos (12,85 mmol/L) y cloruros (29,41 mmol/L) podemos estar bien seguros de que los "viajes de potasa" habían sido salvajes. Este desbarajuste había llevado la conductividad eléctrica del suelo a unos escalofriantes niveles de 6,52 dS/m a base de meter abono, lo cual -bien mirado- tiene mérito partiendo de un agua de 1. Respecto a los demás nutrientes, el nitrato se mantenía en unos correctos 6,19 mmol/L -a fin de cuentas, se estaba aportando nitrato potásico-, el magnesio andaba donde suele estar y el calcio estaba medio desaparecido en combate con unos pobres 4 mmol/L -debería andar cerca de los 10, con un valor que doblara el del magnesio-. Además, pensando a largo plazo, toda esta tormenta potásica estaba afectando al complejo de intercambio catiónico del suelo; en un suelo bien trabajado, el porcentaje de calcio del CIC debe estar cerca del 60% y el del potasio matenerse alrededor del 10%, pero estos excesos estaban afectando al complejo de cambio, que se estaba desplazando hacia el potasio. Los viajes de potasa no solo estaban provocando carencias de calcio en la planta sin conseguir regularla, además estaban estropeando el mismo suelo; manten durante años abonados de este tipo, prescinde de la materia orgánica y el estiércol, y el suelo comenzará a "bloquearse" como si fuera un teléfono móvil... Y claro, habrá que "desbloquearlo" a base de garrafas milagrosas, con nombres espectaculares y etiquetas llenas de colorines.
¡Casí se me pasa! Si nos fijamos en los resultados de los análisis de suelo y foliar, resulta muy curioso que con una solución de suelo en la que prácticamente la mitad de los cationes eran potasio, la planta tuviera unos niveles de potasio en hoja relativamente bajos, casi carenciales. Y tan o más curioso resulta que, con unos niveles de nitratos en suelo relativamente bajos, el nitrógeno en hoja estuviera muy cerca de los niveles máximos asumibles... La explicación es evidente, aunque no gustará a algunos: la planta toma los nutrientes que necesita en función de lo que está haciendo, y no servirá de nada que la atosiguemos con el nutriente que necesita cuando está haciendo otra cosa. Una planta con déficit fotosintético, sin estrés hídrico ni carga de frutos estará muy vegetativa y solo pensará en crecer, así que limpiará el suelo de nitratos aunque nosotros se lo atiborremos de potasio; aumenta la fotosíntesis -aumentando la luz y ajustando el déficit de presión de vapor-, provócale un cierto estrés hídrico -reduciendo los riegos- y cambiará rápidamente a un estado generativo en el que solo pensará en cuajar, conforme más cuaje más potasio necesitará y entonces limpiará el suelo de potasio aunque nosotros lo atiborremos de nitratos y amonio. Una pena, pero es lo que hay; las plantas son seres vivos complejos, y no tienen "cambio de marchas".
La historia tuvo final feliz, más que nada porque la solución era muy simple... Fue fregar bien el plástico (el agricultor mantenía cierto blanqueo por miedo a la mosca blanca), ajustar los riegos y abonar con un abonado equilibrado -que, evidentemente, incluía nitrato de calcio- y los tomates mejoraron rápidamente. Aunque al final los técnicos pillamos un poco de chispa, porque la mejora de la plantación fue tan rápida que se adelantó a la llegada de los resultados analíticos, así que el agricultor nos reprochó -eso sí, con la boca pequeña- la necesidad de los análisis. ¡Qué le vamos a hacer!... Para eso también estamos los peritos de campo.
Por cierto, a pesar de que la planta había sufrido una carencia de calcio confirmada analíticamente, no apareció un solo fruto con peseta. Los problemas de peseta aquel año 2012 se concentraron en la finca de la última foto, donde los niveles de calcio en suelo eran excelentes. Pero eso lo dejaremos para el próximo post...



[1] La absorción de calcio y magnesio es por flujo de masas y las características químicas de ambos cationes son muy similares. Por ello es frecuente que cuando una carencia de calcio no es inducida (es decir, se origina por un nivel insuficiente de calcio en la solución del suelo o el sustrato) coincida con niveles elevados de magnesio. De hecho, cuando se abona en hidropónico uno de los factores que hay que tener en cuenta es que en la solución nutritiva el nivel de calcio sea siempre más o menos el doble que el de magnesio, para favorecer su entrada pasiva en la planta en las proporciones correctas. Claro que esto es algo muy facil de decir, pero bastante difícil de conseguir con algunas aguas de riego...
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